sábado, 21 de junio de 2025

HISTORIA DE RIVER PLATE: AMADEO CARRIZO 25 años defendiendo el arco más grande del mundo

 


Para mí el mejor arquero del mundo de su época, un adelantado que no solo atajaba bien, sino que sabía jugar con los pies, caminaba el área, se anticipaba a los delanteros. Un jugador que modificó el puesto y el concepto de arquero, un innovador que podía salir del área con la pelota en los pies y apoyaba a sus compañeros, sin revolearla, un arquero que sacando con los pies siempre se la daba a uno con la banda roja, el primero en usar guantes en el país (1957), descolgaba centros con una mano, gambeteaba delanteros, usaba gorra para que no lo encandile el sol, en fin, un pionero y un crack. La Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol lo eligió como el mejor arquero de Sudamérica del siglo XX; se quedaron cortos.

Amadeo explicaba así su habilidad con los pies:

“Como en mi pueblo actué muchas veces de centrodelantero, yo fui un arquero con cabeza de atacante. Por eso me anticipaba a los delanteros rivales, ya que pensaba qué haría yo, cómo resolvería yo tal o cual acción en lugar de ellos. Y precisión en la pegada tuve siempre, desde pibito, ya fuera con la pelota en movimiento o parada. Y cuando yo jugaba era como una religión dar bien los pases. Era la forma de ganarse el respeto de los compañeros. A los que no lo hacían los llamaban chambones, por decirles algo suave”.[1]

Nació en Rufino, provincia de Santa Fe, el 12 de junio de 1926 y debutó en la primera el 6 de mayo de 1945, unos días antes de cumplir 19 años, frente a Independiente al que derrotamos 2 a 1; sin embargo recién tomó la titularidad plena en 1948 porque “Grissetti no se lesionaba nunca” según sus comentarios.

Ilustración 53: 06-05-45 debut de Amadeo de visitante vs. Independiente (ganó River 2 a 1). Dominio público.

 Estuvo 23 años en la primera manteniéndose 19 como titular indiscutido. Jugó 543 partidos y es el segundo jugador en cantidad de juegos detrás de Reinaldo Merlo que llegó a 562; obtuvo siete títulos de primera división con River (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956, 1957), tres Copas Aldao (1945, 1947, 1957) y la Copa de las Naciones con la selección nacional en 1964 con la valla invicta. Su último partido en River lo disputó el 22 de diciembre de 1968, luego emigró a Colombia donde jugó en Millonarios dos años más hasta su retiro en 1970.

Siempre le traían arqueros para reemplazarlo y el propio Amadeo decía: “para tratar de relegarme. Gatti, Domínguez, Fumero, Ovejero, Ogando, Cammarata, Ballesteros, Rocha, Gironacci, López, ¡qué se yo! En realidad todos llegaban para ir a la reserva porque el dueño del arco era yo”.[2]

En toda su carrera en River, Amadeo compitió con diecinueve arqueros, algunos del club y otros que le compraban para reemplazarlo como por ejemplo Gabriel Ogando (¡que no jugó ningún partido!), Manuel Ovejero, Rogelio Domínguez y Hugo Gatti.

Desde 1948 Amadeo siempre fue dueño de la titularidad, salvo en sus últimos dos años (1967/68) donde Gatti jugó más; para compensar ya con 42 años y en su último torneo en River, Carrizo superó el récord del arco invicto que tenía Antonio Roma.

En los campeonatos oficiales jugados con River atajó dieciocho penales, dos en el mismo partido contra Chacarita en 1964.

En la selección nacional jugó veinte partidos, entre amistosos, eliminatorias, campeonato mundial, Copa de las Naciones y torneos internacionales, entre 1954 y 1964.

Lo acusaron injustamente de la llamada catástrofe de Suecia en el Mundial de 1958, como también algunos ignorantes le cargan la derrota en la Copa Libertadores de 1966, hecho que ya explicamos con creces más arriba en este libro.

Atajó dos penales y fue campeón en la Copa de las Naciones de 1964 disputada en Brasil, con la valla invicta. En ese torneo, contra Portugal fue la figura del partido; contra Brasil fue la clave en el triunfo por 3 a 0, tanto que puso en jaque nada menos que a Pelé que no quiso patear un penal, cediéndole el lugar a Gerson…y Amadeo se lo atajó; este es el famoso partido en el que José Mesiano, un joven defensor argentino de 22 años, le hizo marca personal a O Rei a quien puso tan nervioso, que terminó dándole un cabezazo sin pelota en la cara. La agresión le produjo la rotura del tabique nasal y un desmayo por lo que fue reemplazado por Roberto Telch que –para desgracia de Pelé- convirtió dos de los tres goles del partido (el tercero lo hizo Ermindo Onega).

En el último partido contra Inglaterra Argentina venció por 1 a 0, y Amadeo volvió a tener una actuación destacada, ya que ganó dos mano a mano contra los delanteros ingleses, siempre entregando la pelota a sus compañeros: le contabilizaron veinte pases colocados en el pecho de nuestro Toscanito Rendo. Se fue aplaudido por todo el estadio.

Una encuesta realizada después de esa copa por periodistas brasileros, lo destacó como el mejor arquero del mundo, junto al ruso Lev Yashin, la Araña Negra.

A los 42 años batió el récord argentino de valla invicta con 769 minutos en 1968, que en realidad son 789 tal como explicamos más arriba.

Diego Lucero, en El maravilloso mundo del fútbol editado por la revista El Gráfico en 1975, hace una semblanza de Amadeo:

“El hecho inusitado de defender durante [más de] veinte años la valla de un club, hace de quien cumple tal proeza un héroe deportivo. Y si a tal prueba de entrañable fidelidad se le une la eficiencia con la que Amadeo Carrizo cuidó como celoso centinela la portería de River, todo ello conforma un caso excepcional, quizá único en la historia del fútbol argentino. Amadeo Carrizo fue un arquero sin par. [Se destaca] su elegancia casi coreográfica cubriendo la ancha abertura de la valla, su elástico impulso sin esfuerzo aparente volando para tapar los ángulos de altura o poner barrera a los disparos que buscaban los rincones a ras del piso; en cada una de todas sus maniobras, el gran arquero de River ponía su nota singular”.[4]

Su salida de River fue traumática después de tantos años en el club de sus amores, no solo porque el club dejó de confiar en sus condiciones y ni siquiera le hizo un partido despedida en ese momento, si no, además, por quién recomendó su salida. Él mismo lo cuenta:

“En 1968, mi antiguo compañero de equipo (Ángel Labruna) y a cargo de la dirección técnica, aconsejó mi pase en blanco. Decía que yo no podía jugar más de dos o tres partidos en el año. Lo cierto es que jugué sesenta partidos oficiales en Colombia, batiendo un nuevo récord de invulnerabilidad (590 minutos). Hoy pienso que todos nos equivocamos y en aquella oportunidad Ángel Labruna se equivocó.

La desvinculación de River Plate sinceramente fue una situación traumática, la sensación de tristeza e ingratitud me embargaba. Es más, nunca me había ocurrido vivir una situación parecida. Deseaba profundamente terminar en el club. Lo cierto es que quisieron desprenderse de mí, evaluaron que estaba terminado. El arquero Carballo fue mi sustituto”.[5]

Como director técnico tuvo un par de experiencias no muy exitosas: en 1972 con Deportivo Armenio y en 1973 con el Once Caldas de Colombia. También fue modelo de Ante Garmaz y directivo de una importante marca deportiva mundial (la de las tres tiras), cuya planta se encontraba en San Martín.

El 16 de diciembre de 2004, Millonarios de Bogotá le brindó un homenaje por los dos años en que se desempeñó en el club, jugando la Copa Amadeo Carrizo con River, partido que terminó empatado 2-2.

Desde el 17 de agosto de 2008, el sector bajo de la platea General Belgrano del estadio Monumental lleva su nombre.

En su honor, en el 2011 el Senado argentino instituyó el 12 de junio (día de su nacimiento) como Día del Arquero Argentino.​

El 27 de diciembre de 2013 fue nombrado presidente honorario del Club Atlético River Plate, reconocimiento del que Amadeo estaba muy orgulloso.

El 13 de abril de 2014 recibió un emotivo homenaje en el Estadio Monumental, minutos antes del partido disputado entre River Plate y Atlético Rafaela. Amadeo Carrizo entró al campo de juego vestido como en su época de arquero, con su tradicional gorra,  acompañado por jóvenes vestidos con atuendos similares.

  Falleció a los noventa y tres años en la clínica Zabala de Buenos Aires, el 20 de marzo de 2020.

  Personalmente tengo dos anécdotas con Amadeo. La primera cuando tenía unos 9 años; yo era socio pleno de River y participaba en las olimpíadas internas del club; mi equipo se llamaba Los Tábanos y nuestra camiseta era como la de River, pero con la franja violeta. Un domingo, River jugaba de visitante y fuimos con mi viejo a ver la salida del micro con los jugadores, en la entrada del hall central; en un momento se asoma Amadeo por una de las ventanillas y riéndose me dice algo así como “¡qué buena camiseta!, la única diferencia es el color de la franja”. Me habló a mí, a mí con 9 años, me había dirigido la palabra el gran Amadeo. No me olvidé nunca en la vida.

  La segunda ya mucho más grande, hacia finales de los 90, mi interés por la música me hacía recorrer los locales de venta de discos varias veces a la semana; en un comercio de la calle Florida, entre Corrientes y Tucumán, me encontré de frente otra vez con Amadeo que, una vez más, me dirigió la palabra sin mediar ningún comentario: “vamos a escuchar un poco de tango” con varios cd en su manos gigantescas; solo atiné a sonreírle, ni siquiera me animé a decirle la admiración que sentía por él y la infinidad de veces que lo había visto jugar defendiendo el arco de River con su estilo inigualable. De todas maneras, creo que me entendió.

Para terminar, ¿por qué un gran arquero como Amadeo nunca se fue de River a jugar en los grandes de Europa? Él mismo lo explicó:

“Porque Liberti no quería saber nada con venderme. Tuve varias oportunidades de México, Brasil, Francia, Las Palmas y hasta me quiso el Real Madrid. Fue cuando viajamos a España y les ganamos 3-2 al Real Madrid. Jugaban Kopa, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento y atajé bastante bien. Los dos goles me los hizo Alfredo. A la noche tuvimos la comida de los dos equipos, estaban los directivos, y uno me comentó: ‘Don Antonio pide que te acerques a la mesa de los presidentes, que te quiere saludar Santiago Bernabéu’. Me felicitó por el partido. Después, ese mismo directivo me contó que Bernabéu se tiró un lance para llevarme, pero Don Antonio le dijo que no rotundamente”.[6]



[1] Revista Olé, edición especial: River 100 años de calidad, pág. 69.

[2] Carrizo, el arquero modelo. Libro del Fútbol nro. 8, pág. 151.

[4] Lucero, Diego. Así los recuerdo yo en El Gráfico - El maravilloso mundo del fútbol, pág. 159.

[5] Di Salvo, Alfredo Luis. Amadeo Carrizo, Bs.As., 1992, pág. 338.

 [6]  Recuperado de https://www.elgrafico.com.ar/articulo/1089/4186/2012-amadeo-carrizo-100x100)

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