Amadeo
explicaba así su habilidad con los pies:
“Como en mi pueblo
actué muchas veces de centrodelantero, yo fui un arquero con cabeza de
atacante. Por eso me anticipaba a los delanteros rivales, ya que pensaba qué
haría yo, cómo resolvería yo tal o cual acción en lugar de ellos. Y precisión
en la pegada tuve siempre, desde pibito, ya fuera con la pelota en movimiento o
parada. Y cuando yo jugaba era como una religión dar bien los pases. Era la
forma de ganarse el respeto de los compañeros. A los que no lo hacían los
llamaban chambones, por decirles algo suave”.[1]
Nació
en Rufino, provincia de Santa Fe, el 12 de junio de 1926 y debutó en la primera
el 6 de mayo de 1945, unos días antes de cumplir 19 años, frente a
Independiente al que derrotamos 2 a 1; sin embargo recién tomó la titularidad
plena en 1948 porque “Grissetti no se
lesionaba nunca” según sus comentarios.
Ilustración
53:
06-05-45 debut de Amadeo de visitante vs. Independiente (ganó River 2 a 1).
Dominio público.
Estuvo 23 años en la primera manteniéndose 19
como titular indiscutido. Jugó 543 partidos y es el segundo jugador en cantidad
de juegos detrás de Reinaldo Merlo que llegó a 562; obtuvo siete títulos de primera
división con River (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956, 1957), tres Copas Aldao
(1945, 1947, 1957) y la Copa de las Naciones con la selección nacional en 1964
con la valla invicta. Su último partido en River lo disputó el 22 de diciembre
de 1968, luego emigró a Colombia donde jugó en Millonarios dos años más hasta su retiro en 1970.
Siempre
le traían arqueros para reemplazarlo y el propio Amadeo decía: “para tratar de relegarme. Gatti, Domínguez,
Fumero, Ovejero, Ogando, Cammarata, Ballesteros, Rocha, Gironacci, López, ¡qué
se yo! En realidad todos llegaban para ir a la reserva porque el dueño del arco
era yo”.[2]
En
toda su carrera en River, Amadeo compitió con diecinueve arqueros, algunos del
club y otros que le compraban para reemplazarlo como por ejemplo Gabriel Ogando
(¡que no jugó ningún partido!), Manuel Ovejero, Rogelio Domínguez y Hugo Gatti.
Desde 1948 Amadeo siempre fue dueño de la
titularidad, salvo en sus últimos dos años (1967/68) donde Gatti jugó más; para
compensar ya con 42 años y en su último torneo en River, Carrizo superó el
récord del arco invicto que tenía Antonio Roma.
En los
campeonatos oficiales jugados con River atajó dieciocho penales, dos en el
mismo partido contra Chacarita en 1964.
En la selección
nacional jugó veinte partidos, entre amistosos, eliminatorias, campeonato
mundial, Copa de las Naciones y torneos internacionales, entre 1954 y 1964.
Lo
acusaron injustamente de la llamada catástrofe
de Suecia en el Mundial de 1958, como también algunos ignorantes le cargan
la derrota en la Copa Libertadores de 1966, hecho que ya explicamos con creces
más arriba en este libro.
Atajó dos penales y fue campeón en la Copa de las Naciones de 1964 disputada en Brasil, con la valla invicta. En ese torneo, contra Portugal fue la figura del partido; contra Brasil fue la clave en el triunfo por 3 a 0, tanto que puso en jaque nada menos que a Pelé que no quiso patear un penal, cediéndole el lugar a Gerson…y Amadeo se lo atajó; este es el famoso partido en el que José Mesiano, un joven defensor argentino de 22 años, le hizo marca personal a O Rei a quien puso tan nervioso, que terminó dándole un cabezazo sin pelota en la cara. La agresión le produjo la rotura del tabique nasal y un desmayo por lo que fue reemplazado por Roberto Telch que –para desgracia de Pelé- convirtió dos de los tres goles del partido (el tercero lo hizo Ermindo Onega).
En el último partido contra Inglaterra Argentina venció por 1 a 0, y Amadeo volvió a tener una actuación destacada, ya que ganó dos mano a mano contra los delanteros ingleses, siempre entregando la pelota a sus compañeros: le contabilizaron veinte pases colocados en el pecho de nuestro Toscanito Rendo. Se fue aplaudido por todo el estadio.
Una encuesta realizada después de esa copa por periodistas brasileros, lo destacó como el mejor arquero del mundo, junto al ruso Lev Yashin, la Araña Negra.
A los 42 años batió el récord
argentino de valla invicta con 769 minutos en 1968, que
en realidad son 789 tal como
explicamos más arriba.
Diego Lucero, en El maravilloso mundo del fútbol editado por la revista El Gráfico en 1975, hace una semblanza de Amadeo:
“El hecho inusitado de
defender durante [más de] veinte años la valla de un club, hace de quien cumple
tal proeza un héroe deportivo. Y si a tal prueba de entrañable fidelidad se le une
la eficiencia con la que Amadeo Carrizo cuidó como celoso centinela la portería
de River, todo ello conforma un caso excepcional, quizá único en la historia
del fútbol argentino. Amadeo Carrizo fue un arquero sin par. [Se destaca] su
elegancia casi coreográfica cubriendo la ancha abertura de la valla, su
elástico impulso sin esfuerzo aparente volando para tapar los ángulos de altura
o poner barrera a los disparos que buscaban los rincones a ras del piso; en
cada una de todas sus maniobras, el gran arquero de River ponía su nota
singular”.[4]
Su
salida de River fue traumática después de tantos años en el club de sus amores,
no solo porque el club dejó de confiar en sus condiciones y ni siquiera le hizo
un partido despedida en ese momento, si no, además, por quién recomendó su
salida. Él mismo lo cuenta:
“En 1968, mi antiguo
compañero de equipo (Ángel Labruna) y a cargo de la dirección técnica, aconsejó
mi pase en blanco. Decía que yo no podía jugar más de dos o tres partidos en el
año. Lo cierto es que jugué sesenta
partidos oficiales en Colombia, batiendo un nuevo récord de invulnerabilidad
(590 minutos). Hoy pienso que todos nos equivocamos y en aquella
oportunidad Ángel Labruna se equivocó.
La desvinculación de
River Plate sinceramente fue una situación traumática, la sensación de tristeza
e ingratitud me embargaba. Es más, nunca me había ocurrido vivir una situación
parecida. Deseaba profundamente terminar en el club. Lo cierto es que quisieron
desprenderse de mí, evaluaron que estaba terminado. El arquero Carballo fue mi
sustituto”.[5]
Como director técnico tuvo un par de experiencias no muy exitosas: en 1972 con Deportivo Armenio y en 1973 con el Once Caldas de Colombia. También fue modelo de Ante Garmaz y directivo de una importante marca deportiva mundial (la de las tres tiras), cuya planta se encontraba en San Martín.
El 16
de diciembre de 2004, Millonarios de Bogotá le brindó un homenaje por los dos
años en que se desempeñó en el club, jugando la Copa Amadeo Carrizo con River,
partido que terminó empatado 2-2.
Desde
el 17 de agosto de 2008, el sector bajo de la platea General Belgrano del estadio
Monumental lleva su nombre.
En su honor, en el 2011 el
Senado argentino instituyó el 12 de junio (día de su nacimiento) como Día del Arquero Argentino.
El 27
de diciembre de 2013 fue nombrado presidente honorario del Club Atlético River
Plate, reconocimiento del que Amadeo estaba muy orgulloso.
El 13
de abril de 2014 recibió un emotivo homenaje en el Estadio Monumental, minutos
antes del partido disputado entre River Plate y Atlético Rafaela. Amadeo
Carrizo entró al campo de juego vestido como en su época de arquero, con su
tradicional gorra, acompañado por
jóvenes vestidos con atuendos similares.
Falleció a los noventa y tres años en la clínica
Zabala de Buenos Aires, el 20 de marzo de 2020.
Personalmente
tengo dos anécdotas con Amadeo. La primera cuando tenía unos 9 años; yo era
socio pleno de River y participaba en las olimpíadas internas del club; mi
equipo se llamaba Los Tábanos y
nuestra camiseta era como la de River, pero con la franja violeta. Un domingo,
River jugaba de visitante y fuimos con mi viejo a ver la salida del micro con
los jugadores, en la entrada del hall central; en un momento se asoma Amadeo
por una de las ventanillas y riéndose me dice algo así como “¡qué buena camiseta!, la única diferencia
es el color de la franja”. Me habló a mí, a mí con 9 años, me había
dirigido la palabra el gran Amadeo. No me olvidé nunca en la vida.
La
segunda ya mucho más grande, hacia finales de los 90, mi interés por la música
me hacía recorrer los locales de venta de discos varias veces a la semana; en
un comercio de la calle Florida, entre Corrientes y Tucumán, me encontré de
frente otra vez con Amadeo que, una vez más, me dirigió la palabra sin mediar
ningún comentario: “vamos a escuchar un
poco de tango” con varios cd en su manos gigantescas; solo atiné a
sonreírle, ni siquiera me animé a decirle la admiración que sentía por él y la
infinidad de veces que lo había visto jugar defendiendo el arco de River con su
estilo inigualable. De todas maneras, creo que me entendió.
Para terminar, ¿por qué un gran arquero como
Amadeo nunca se fue de River a jugar en los grandes de Europa? Él mismo lo
explicó:
“Porque Liberti no
quería saber nada con venderme. Tuve varias oportunidades de México, Brasil,
Francia, Las Palmas y hasta me quiso el Real Madrid. Fue cuando viajamos a
España y les ganamos 3-2 al Real Madrid. Jugaban Kopa, Del Sol, Di Stéfano,
Puskas y Gento y atajé bastante bien. Los dos goles me los hizo Alfredo. A la
noche tuvimos la comida de los dos equipos, estaban los directivos, y uno me
comentó: ‘Don Antonio pide que te acerques a la mesa de los presidentes, que te
quiere saludar Santiago Bernabéu’. Me felicitó por el partido. Después, ese
mismo directivo me contó que Bernabéu se tiró un lance para llevarme, pero Don
Antonio le dijo que no rotundamente”.[6]


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