Nací en 1954 y mi viejo me llevó a la cancha a partir de los 6 años en 1960. Por lo tanto tenía solo 3 años cuando River festejó el Tricampeonato en 1957. Hasta ese momento, desde los comienzos del profesionalismo en 1931, River había ganado 12 campeonatos y una Copa de Oro, Boca solo 7, Independiente 3, Racing 3, San Lorenzo 2 y una Copa de Honor.
Además, en los últimos 6 torneos River se había coronado en 5. Mucha ventaja sobre el resto y parece que eso molestó a varios.
A partir de 1958 comenzó una sequía de títulos, con infinidad de situaciones extrañas que siempre dejaban al equipo al borde del campeonato, ya sea por disposiciones reglamentarias que cambiaban permanentemente, fallos escandalosos de los árbitros, intereses gremiales de los futbolistas y hasta decisiones de los propios dirigentes riverplatenses.
Hasta 1974 se disputaron 25 torneos en los que River salió 11 veces subcampeón (2 veces con los mismos puntos que el campeón) a lo que hay que sumar el subcampeonato de la Libertadores de 1966.
Ese calvario se terminó en 1975 un día como hoy, 24 de agosto, no sin antes haber sorteado una nueva y extraña situación: faltando dos fechas para terminar el torneo Metropolitano que River punteaba, estalló un huelga de jugadores profesionales, por lo que la AFA y los clubes decidieron salir a jugar con jugadores amateurs de la 4ta y 5ta.
En la noche de ese día 24, que también era jueves, saltaron a la cancha de Vélez (donde Argentinos Jrs. hizo de local para tener mayor recaudación) 22 pibes que nunca habían ni soñado estar en semejante situación.
Y cada 24 de agosto surge la foto del gol de un jugador al que solo se lo recuerda por ese hecho: haberle dado el triunfo por 1 a 0 a River y consagrarlo campeón una fecha antes de la finalización del torneo. Rubén Bruno reaparece en la memoria y en las noticias cada año y se repite su imagen con los brazos abiertos y la boca llena de gol. Tenía la mágica camiseta con el número 10, la del Beto Alonso.
Y se terminó el calvario; miles y miles de hinchas riverplatenses festejaban el fin de un período nefasto que terminó celebrándose el domingo 17 de agosto con un Monumental rebalsado de gente con un triunfo por 2 a 0 frente a Racing. Era tanta la ansiedad de la hinchada que el segundo tiempo no se pudo jugar por una invasión masiva al terreno de juego.
El entrenador del equipo, con el que se inició una nueva era de triunfos inolvidables fue nuestro querido Angelito Labruna, un tipo tan de River que perdonó mas de una agachada de los dirigentes en años anteriores, con tal de volver a dirigir a River para sacarlo campeón.
¡Salud Riverplatenses!


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